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Las Termas de la Toscana

Las Termas de la Toscana

Siempre es agradable hacer una escapada a un balneario y así lo demuestra la cada vez mayor difusión que tienen esos centros en el sector turístico. Pero si se trata de un lugar natural la cosa gana aún más enteros. Pues bien, imaginen uno de esos rincones termales que además esté enclavado en una región ya de por sí bella como la Toscana (Italia); el resultado serán las Termas de Saturnia.

Pues sí, en la Toscana no sólo hay pueblecitos de sabor medieval, iglesias recoletas con frescos renacentistas, valles de viñedos bañados por el sol y bodegas de Chianti. Resulta que cerca de un sitio tan sugestivo como Siena se halla un complejo termal público y gratuito cuya existencia se remonta a la mismísima época etrusca.

Las termas se reparten por el meridional Valle de Orcia, entre bosques y pequeños montes, aprovechando las aguas sulfurosas de que brotan de la tierra a treinta y siete grados de temperatura a causa de un antiguo volcán apagado, el Amiata (o, como atribuían los romanos, de Saturno, dios del inframundo, de ahí el nombre del sitio).

Se trata de una corriente subterránea que recorre un kilómetro hasta salir a la superficie aquí y allá sobre pozas excavadas naturalmente en la roca que forman bonitos saltos, siendo la Cascada de Gorello (en la carretera de Montemerano) su mejor expresión; guarda cierto parecido con el Pamukkale turco, aunque a menor escala y con un tono verdoso en lugar del níveo.


Un poco más al norte, quince minutos escasos de Siena, las Termas de Petriolo combinan más pozas acuáticas -aquí el agua está más caliente, a cuarenta y tres grados, aunque se ha creado una pileta fría- con el intenso olor a azufre y la ruinas de una muralla del Quatroccento. La imagen se repite en los Baños de San Filippo, en este caso identificables gracias a una gran roca calcárea blanca cuyo color la asimilan los lugareños a Moby Dick. Aquí el calor del agua sube a cuarenta y ocho grados, especialmente en invierno.

También hay que mencionar el Bagno Vignoni, ubicado aún más al norte, y que destaca no sólo por su enorme poza alargada de medio centenar de metros de longitud sino también porque abre en horario nocturno, convirtiendo la visita en algo mágico. Y las de Montepulciano, cuyas aguas dicen que favorecen el sistema respiratorio. Y las de San Chianciano, que tienen fama de ser beneficiosas para curar enfermedades hepáticas y eran visitadas asiduamente por Fellini…

Lo cierto es que la Toscana tiene termas de sobra para elegir. Aún quedarían en el tintero las de Monsumano, Montecatini, San Giovanni, Rapolano, Fonteverde e incluso Pisa, estas últimas alojadas en un magnífico palacio dieciochesco.

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