Vírgenes, británicas y para navegantes

Vírgenes, británicas y para navegantes

Las BVI son unas 60 islas, cayos y atolones de los que sólo 16 están habitados. Refugio de famosos y destino de los amantes de la náutica y el lujo discreto

Desde Buenos Aires, hay que volar a Miami y de ahà­ tomar un nuevo avión, por poco menos de tres horas, para aterrizar en Charlotte Amalie, el aeropuerto de St. Thomas, en las Islas Và­rgenes de Estados Unidos. Ahà­ el paisaje ya cambia totalmente y el tramo que queda es de dos horas en ferry sobre aguas color esmeralda que conducen a pisar tierra firme otra vez, finalmente, en Virgin Gorda, la tercera más grande dentro de las Islas Và­rgenes Británicas y la segunda más turà­stica después de la capital, Tortola. Cuesta, pero vale la pena.

Aunque la historia indica que pasaron por manos españolas, holandesas, francesas y danesas, desde 1600 son territorio británico de ultramar. Las Islas Và­rgenes Británicas o BVI -la simplificación de su nombre en inglés-, están emplazadas en el Canal de Drake, sobre el mar Caribe. El archipiélago está compuesto por sesenta islas y cayos, de las que las más grandes son Tortola, Anegada, Jost Van Dyke y Virgin Gorda. Esta última, de las más atractivas para el turismo.

LA MECA DE LA NAVEGACIÓN



"Aquà­ el océano no es un obstáculo sino el camino", dice Daniel, un periodista brasileño especializado en náutica, mientras la lancha en la que viajamos se abre paso entre veleros de todos los tamaños y se desliza sobre el mar cristalino, en busca de alguna de las playas exóticas de Virgin Gorda donde darnos un chapuzón y seguir viaje. No es difà­cil encontrarlas: la particularidad que convierte a ésta y las demás islas que conforman las BVI en uno de los destinos favoritos del mundo náutico -y dentro de ellos, del circuito más exclusivo, con regatas internacionalmente famosas como la Copa Rolex-, es también, una condición natural: no hay prácticamente arrecifes y las playas son públicas.

Uno puede anclar, literalmente, donde se le de la gana: aquà­ cualquier costa es tentadora para atracar el barco, darse un chapuzón, y seguir viaje sin apuro. Para los amantes de la navegación hay más ventajas aún, como las geográficas: las BVI están cerca de Estados Unidos, a 80 kilómetros al este de Puerto Rico, y a no muchos más de otras islas famosas como St. Barths, en la región noroeste del mar Caribe. Sus muelles, además, reciben embarcaciones grandes, otra ventaja para los cruceros y para los navegantes particulares que arriban después de travesà­as más largas.

Para aquellos que no están tan familiarizados con este deporte de mar ni disponen de embarcación propia, lo que puede resultar excéntrico no es imposible: el alquiler de un catamarán por siete dà­as para cuatro, con capitán y chef incluidos, puede rondar la base de 450 dólares diarios por persona. Interesante si se tiene en cuenta que aquà­ el valor trasciende lo que puede costar una mera noche de hotel para transformarse en una verdadera experiencia de vida a bordo, amaneciendo en una playa diferente cada dà­a.

DE COLÓN A LAS CELEBRITIES



Sandy, el guà­a de Andy's, es un nacido y criado en Virgin Gorda como pocos: la mayorà­a de los isleños vive en la capital, Tortola. Maneja la empresa familiar con la que hace tours y cuenta que su padre fue el pionero en dar ese servicio en la isla, aunque son todos pescadores como primer oficio y todavà­a viven de eso, incluso llevan adelante un programa para enseñar a los chicos a pescar, en forma sustentable. Habla con tono lento, pausado y difà­cil de entender: es que pareciera que hay un inglés BVI, que hace que uno se aclimate con la isla y baje decibeles a la fuerza por el solo hecho de comunicarse.

"Una vez intenté irme. No duré más de un mes y medio", dice, resignado, mientras mira el horizonte de aguas verdes y cristalinas. Se habà­a ido a probar suerte como músico a otra isla cercana, pero extrañaba tanto su lugar, que no le quedó otra que volver. Y agrega que a todos sus hermanos les pasó lo mismo, con cierto sentimiento encontrado entre que eso sea una maldición o una bendición. Difà­cil imaginarse lo primero, en un lugar en el que a cada paso hay una postal perfecta y ni la naturaleza ni los ojos tienen que hacer esfuerzo alguno para notarlo.

Si hay algo que fascina en este lugar, es que, en cierto modo, sigue conservando ese estado virgen -redundancia mediante. Como si el tiempo no hubiera pasado y el horizonte que se desdibuja entre el cielo y el mar, hoy sigue hipnotizando igual que a sus primeros habitantes -los arawak, hacia el 100 A.C. y los caribes, la tribu sucesora, hacia el siglo XV. Y también al conquistador: Cristóbal Colón pisó las islas en su segundo viaje a las Américas. Al revés de otros destinos caribeños, aquà­ no abundan los all-inclusive ni los resorts extravagantes, aunque sà­ la belleza de un paisaje en estado natural, y hay que decirlo, el lujo sofisticado.

Por eso si bien aquà­ llega cualquier viajero que lo desee -no por exótico es un destino inaccesible-, Virgin Gorda es la elegida por muchas celebridades y millonarios como su lugar en el mundo. Uno es Sir Richard Branson, dueño de Virgin Group, que creó su paraà­so personal muy cerca de Virgin Gorda, en Necker Island, una isla de 300.000m2 que funciona como un resort de filosofà­a sustentable super exclusivo (www.virginlimitededition.com). Entre sus huéspedes: Eddie Murphy, Beyoncé y hasta la familia real inglesa.

Dicen que Rihanna también es asidua, y ha llegado a alquilar en exclusiva toda la isla. Algo que de hecho, cualquier mortal puede hacer? si dispone de unos 65.000 dólares diarios de presupuesto. Branson también compró, muy cerca de allà­, Mosquito Island, otro futuro resort. Ambas islas se ven desde un punto panorámico conocido como North Sound, y se puede continuar la ruta hacia South Sound, donde esperan las costas de Spanish Town y Savannah Beach.



THE BATHS, LABERINTO EN EL MAR



La fila de turistas se angosta cada vez más y llega un punto en el que el espacio entre las rocas gigantes se va achicando, dejando sólo un recoveco para pasar, arrastrándose, hacia el otro lado. Vale la pena atravesar ese pasadizo -que para muchos significará aventura, y para otros, un poquito de claustrofobia- y llegar del otro lado, donde espera el que es el punto turà­stico más atractivo de Virgin Gorda, The Baths. Allà­ el paisaje es una escenografà­a casi surrealista: rocas gigantes sobre una playa onà­rica, que se van juntando y asà­ forman cuevas naturales por las que se puede nadar como si se estuviera en un laberinto y hacer snorkel.

Si bien toda la isla tiene la particularidad de tener formaciones rocosas -todas de lava volcánica prehistórica de hace más de 70 millones de años-, y las piedras son parte del paisaje, salpicadas en las playas, es en esta zona y parque nacional, en la costa norte de Virgin Gorda, donde se concentran las más impresionantes. Un dato valioso antes de emprender el recorrido es que para poder disfrutar del paisaje en paz hay que evitar la llegada de los cruceros (generalmente cerca del mediodà­a), que pasan por la isla por el dà­a y eligen este punto para el desembarco de cientos de turistas.

La mejor parte del trayecto es a través de las cuevas que conducen a Devil's Bay, en un recorrido de cerca de quince minutos en el que habrá que gatear un poco, para culminar en una piscina natural impresionante de rocas, arena blanca y agua esmeralda. Como casi todo en esta isla y en el archipiélago que las agrupa, cada paisaje es una razón más para justificar su nombre. Cada imagen remite, una y otra vez, a una naturaleza tan virgen que la aleja, indefectiblemente, de lo terrenal.

DATOS ÚTILES



Cómo llegar: Los vuelos de conexión desde Miami hacia St. Thomas, desde US$ 500 (según la aerolà­nea).

Luego hay que tomar un ferry hasta Virgin Gorda, ya territorio británico. Cuesta US$4 0 y tiene varias frecuencias diarias (www.bviferries.com). Hay que pagar un impuesto de 15 dólares al partir.

Qué hacer. Un tour por la isla dura cerca de dos horas y cuesta US$ 20

El alquiler de un catamarán para cuatro personas con tripulación incluida, tienen un costo base promedio de US$ 12500 la semana. Hay opciones más económicas según el tipo de barco, la época del año, etc. Algunas de las compañà­as recomendadas: www.amazingcharters.com | www.moorings.com | www.horizonyachtcharters.com

Desde el puerto de Rosewood Little Dix Bay, por US$ 65 está el ?sunset cruise', para navegar al atardecer con un buen vino y appetizers recorriendo parte de la isla hasta llegar a Oilnut Bay, otro punto turà­stico con bares y restaurantes sobre la playa

The Baths es un parque nacional, y el ingreso cuesta sólo US$3.

Coco Maya es uno de los restaurantes top, de estilo asiático. Tiene una buena barra de cocktails y las noches siempre terminan con música y fiesta alrededor del fuego, en la playa. www.cocomayarestaurant.com

DONDE DORMIR



Desde convertir un barco en un hotel en movimiento durante una semana hasta alquilar una isla completa, todo es posible. En el medio, hay otras opciones muy al estilo BVI.

Isla. Peter Island es una isla privada de 700 hectáreas en la que está emplazada el resort y spa de lujo que lleva el mismo nombre. Está al sudeste de Virgin Gorda y para llegar hay que tomar un ferry hacia Trellis Bay, donde una embarcación privada navegará por el Canal de Drake hasta llegar a destino. Allà­ se puede optar por alguna de las 52 habitaciones o elegir una de las tres villas y dedicarse a los deportes acuáticos o a la inmersión total en el spa. También se reciben embarcaciones privadas que amarran allà­ por unos dà­as y usan las instalaciones, desde US$ 430 por noche. www.peterisland.com

Villas. Una de las más elegidas es el formato de villas: casonas con varios cuartos y todas las comodidades que se alquilan completas, e incluyen sala de estar, cocina (con chef privado opcional) y hasta piscina propia, como para sentir que uno tiene su propia casa aquà­, al menos por una semana.

William es un viajero empedernido: dio la vuelta al mundo acompañando al famoso Tony Robbins en sus conferencias y elegió, en sus años maduros, anclar en Virgin Gorda. Está a cargo de Villa Aquamare una de las tops de la isla. Cuenta que uno de los primeros huéspedes, fue ni más ni menos que Harrison Ford.

Aunque aquà­ no se trata sólo de celebridades: el público son grupos grandes de familias y amigos que buscan un ambiente más à­ntimo y se apropian del lugar, sea para celebrar bodas, cumpleaños o simplemente pasar unas vacaciones en grupo. Todas sus villas miran hacia Mango Bay, la playa propia en la que de dà­a se puede hacer snorkel, bucear y avistar tortugas. Este tipo de alojamiento es tan requerido, que los huéspedes frecuentes reservan con hasta seis meses de antelación. En baja temporada, Villa Aquamare tiene una tarifa que arranca en US$ 2428 + impuestos por noche (mà­nimo siete noches). Ideal para familias y grupos, cada villa tiene cinco cuartos y puede hospedar hasta doce personas. www.villaaquamare.com

Hotel: Rosewood Little Dix Bay es el más lujoso, y el primero que abrió en Virgin Gorda. En 2014 festejó su 50º aniversario, y además del tà­tulo de pionero está entre los 25 mejores del mundo según Travel + Leisure. Todas sus habitaciones dan a la playa, donde además tienen un puerto propio donde llegan los huéspedes con sus embarcaciones o en alguno de los catamaranes del hotel. Un destacado es Sugar Mile, uno de sus tres restaurantes y de los highlights gourmet de toda la isla. Una actividad única es tomar una clase de yoga al amanecer, desde el spa del hotel, que tiene una vista imponente al Canal de Drake. La habitación doble con vista al mar cuesta desde US$ 420 más impuestos | www.rosewoodhotels.com.

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